18 may 2010

Stop and rewind

Otra vez, como muchas otras veces, me ilusioné. Esta vez no fue más que una decepción, estaba lista para escuchar, leer o imaginar la vibración que sus palabras producirían en sus labios. Me imaginé nuestra conversación y hasta diagramé 15 respuestas coherentes, maduras, racionales. Estaba lista para ser subordinada una vez más a su indiscutibles planteos con altura, a sus dolorosas indirectas y a sus monosílabos gélidos. Pero no, nada de eso, otra vez me sacó de mis casillas. Iba a enfrentar a vaya a saber que bestia mitológica maligna, tenía mi espada, tenía mi escudo, pero cuando abrí la puerta me encontré con ese frígido gatito, con ese nene que me había robado el corazón y que después se lo había regalado a vaya a saber que copia distorsionada y cruel de él mismo. Cerré mis ojos, me puse tensa y al final, NADA. Absolutamente NADA. Hablamos como si fuera alguien que conocí en un bondi, como si nunca hubiera pasado nada. No le importaba, pero ¿Cuándo le importe? Siendo realista, borrando todas esas suposiciones absurdas, viéndolo desde el ángulo más obvio, nunca, nunca le importé. ¿Y ahora? Y ahora no se nada, no se que sentir, no se que pensar. Estoy demasiado cansada como para intentar descifrar lo que siento.

Me importa, pero no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario