Me senté en la vereda, caliente por el sol. Abracé mis piernas y apoyé mi cabeza entre estas. Me quedé dandole la espalda al mundo, viendo esa casa donde Virginia y yo habiamos aprendido a vivir, donde ella fué niña otra vez y donde yo entendí lo que era tener un amigo. Me quedé ahi un largo rato. Mis carcajadas resonaban en toda la calle solitaria. Nadie escuchaba. Era un fantasma en una ciudad desierta. Sin sentido de ser. Reí tanto... y lloré. Fue una mezcla de sentimientos extrema. Dolía demasiado, pero a la vez se sentía dulce. Los recuerdos, los sonidos, los sabores que vivi con ella aun vibraban en mi. El sol quemó mi piel con su ultimo aliento, pero tambien quemó mis heridas. Fueron solo momentos pequeños en los que sufrí más que nunca y en los que fuí más feliz que nunca, tambien. Nunca más sentí la partida de Virginia como si me estuvieran arracando el corazon con una cuchara. Solo esas largas horas saladas. Nunca más fui tan feliz como lo fuí ese crepúsculo. Nunca más volví a esa casa. Nunca más vi ni siquiera una sombra de Virginia. Solo en mis sueños, aun vivia ahi y me visitaba todos los viernes de verano.
Volví a casa. Mi vieja me tomó del brazo, me gritó un par de cosas que no escuché. Sus ojos estaban empapados. Me pegó. Yo solo reí, aunque en realidad queria llorar. No se si fué por impotencia o porque estaba sobrepasada de TODO. Ella se sentó en el suelo y se puso a llorar. Yo caminé hacia mi pieza. Me encerré en ella y me fui a dormir.
¿Me creería si le dijera que aún sigo soñando con ella? ¿Ella soñará conmigo tambien?
No hay comentarios:
Publicar un comentario