Dos dias. El bleiser estaba colgado en el tirante de la tercera puerta de mi ropero, en el sillón rosa estaba la pollera gris y la corbata bordó, recién compradas. Las camisas estaban todavia en su empaque de plastico, con su apresto impecable, los zapatos en su caja, las medias bordo en mi cajón y la mochila con los elementos escolares adentro del ropero, al lado de la caja de zapatos. Todo estaba listo, menos yo.
Estaba entrando la tarde, no eran más de las dos. Verónica, mi mamá, habia empezado de vuelta con su discurso sobre el colegio, sobre por que tenia que ir ahi, por que el colegio era el mejor de toda Córdoba, etc... Estaba aturdida, estaba harta, sus palabras sin fundamentos me habían sobrepasado. No me importaba si iba a un ipem o a el mejor colegio de america. No quería ir a ese colegio, nunca pedí ir ahi.
Miraba el suelo y escuchaba su voz gritarme, cayó una lágrima por mi meijlla.
..." Por que si vas a ese colegio vas a tener futuro el dia de mañana"...
Me rebalsé. Me levanté de la silla y tomé una mochila y dinero mientras que Verónica me gritaba cosas que no recuerdo. Tuve un momento de impulsividad, tomé la llave de casa, instintibamente coloqué la primera llavé, la guiré rápidamente e hice lo mismo con la segunda. Saqué la llave de un tirón y bajé las escaleras lo mas rápido que pude. Corrí hasta doblar la calle entre rios, dos calles más abajo volví a doblar. Verónica trató de seguirme, pero no pudo correr demasiado con sus tacos de 15 cm. Para cuando me senté a descansar detras de unos arbustos ella ya no me seguía. Tenía la mente en blanco, no sabía que estaba haciendo. Me quedé sentada ahi por unos 10 minutos. Eran las 14:48 aproximadamente. Cuando estaba corriendo hacia la plaza vi al trolebus doblar en la esquina, corrí más rápido, saqué mi único cospel de mi bolsillo y me sostuve de un arbol. Miré hacia atrás, no sabia lo que estaba haciendo, mi corazón latía demasiado rapido y mis pulmones intentaban digerir el aire caliente de la siesta, pero no podía.
Subí los escalones y me senté al lado de la ventana, en la fila derecha. Apoyé mi cara en el vidrio y dejé que el sol jugara con las luces y las sombras mientras yo sentía como mi corazón seguía corriendo una carrera interminable, pero por otro lado mi cabeza estaba vacia y callada, domia de a segundos, hasta que llegué a la parada de la calle Velez Sarfield. Caminé un par de metros y me tomé otro colectivo. A los 25 minutos estaba a diez cuadras de la casa de Virginia. No había planeado ir ahi. Lo hice en un estado de semi inconciencia, para cuando me di cuenta, estaba parada enfrente de las rejas de su pintoresca casa.
Todo lo que habiamos vivido corría en mi mente como una pelicula sin final
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