17 dic 2009

Puerta de escape

Lo que pasó con Virginia después, es indescriptible, no solo por la cantidad de cossas que hicimos sino por los sentimientos que se fueron acumulando en tan poco tiempo. En un mes y medio nuestra amistad se hizo enorme, nos conocimos a fondo, y eramos como hermanas, nuestras mentes estaban conectadas y nuestras pieles parecian cortadas del mismo mantel. Durante ese poco tiempo ella me mostró cosas que yo nunca antes había tenido a mi alcance, me mostró el mundo desde su perspectiva y yo, le mostré el mio. Empecé a descubrir llos excesos de los cuales ella era pricionera y yo me comprenetré en ellos tambien.

Había ido una semana completa a hospedarme en su casa. Comencé a darme cuenta de que no comía nada y que cuando lo hacía iba al baño y vomitaba. Traté de hacerle entender que estaba enferma y debía hacerse tratar, ella no me hizo caso, estaba enferma, estaba loca. Luego de una semana, yo pasé a estarlo tambien. Terminamos mediados de febrero siendo dos bulímicas de mierda. Yo no había comido nada por aproximadamente 1 semana y media, no era mucho, algo soportaba, por otro lado, Vir, estaba demasiado demacrada, pero empecé a notar que ya no solo era su bulimia lo que la afectaba. Una noche, la senté en el patio de su casa, alejado de todo, estabamos debajo de las nubes, el cielo estaba violacio, plomiso. Ella ya casi no podía sostenerse en pie. Yo, en cambio, podía sostenerme unos minutos. Me miró con sus ojos mojados.

- ¿Qué te pasa? Te estás matando.

Ella no me respondía, solo miraba al piso. Empezó a morder sus uñas, era su tick nervioso. Pude ver sus brazos, estaban todos pinchados, entonces pude entender lo que pasaba.

- Virginia, tenés que comer algo ¿Te has visto? Me duele, estás muriendo.

Despues de unos minutos me contestó.

- ¿Y nunca pensaste que en verdad quiero morir?

Me arrodillé ante ella, la abracé, ella se aferró a mi con las pocas fuerzas que le quedaban. Le acaricié las lastimaduras. Se desvaneció en mis brazos. Nos quedamos con ella debajo de un árbol. Estaba tan pacífica, respiraba tan traquila. Estaba en paz, fuera de este mundo, viviendo sus propios sueños, siendo felíz entre ilusiones, para esperar despertarse al dia siguiente para vivir el infierno que le había tocado. Ahora, estaba sonriendo, un ángel dormía debajo de las gotas de lluvía que se filtraban entre las ramas, mañana, ese angel, se convertiría en otra alma gris y perdida, en otra adicta. Solo quería verla asi de perfecta como el primer dia en que la conocí, pero mi estado no me lo permitío, nos dormimos. No despertamos por un largo tiempo.

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