3 dic 2009

Vientos de "Chanel Nº 5"

Casi terminando diciembre, el año estaba armando sus valijas y cerraba la puerta que encerraría todo detrás de las rejas del pasado y las nieblas del olvido, con el tiempo y la llegada de las lluvias otoñales, irían enterrando las memorias que con cuidado, o no, había construido.

Durante las últimas semanas, había logrado hacerme la idea de que mi estado de ánimo se había nivelado. Mi sonrisa no existía, pero las lagrimas tampoco, el recuerdo de Emiliano flotaba debil en la atmosfera de mi vida, el sabor de los besos de Agus se estaba perdiendo y ahora mis labios solo sabian a ese gloss que siempre usaba. Mi mente estaba igual de vacía que mi corazón.

Me había anotado en un club de verano, estaba a un barrio del mio y podía ir y volver en colectivo, escuchando canciones que me llevaban aún mas lejos de lo que mi mente ya estaba. Creo que fué un viernes. Yo estaba caminando hacia la vereda, mis pasos no me ayudaban a avanzar, mi mirada estaba perdida y mi mente vagabundeaba en los cielos de vaya a saber que lugar. Tropecé con una chica. Iba apurada, cayó al suelo y se oyó el rasgarse de una tela. Ella solo miró su ostentoso vestido con los ojos húmedos, buscó con sus delicadas manos el rasguño del vestido, al encontrarlo lo acarició con la delicadeza de una reina. No le dió importancia a las raspaduras de sus rodillas, solo le importaba su vestido. Yo me quedé mirándola. Guardaba un enorme parecido a mi. Tenía mis mismas ondas color rubio ceniza y casi el mismo corte de cabello, su blancura era extrama, no tanto como la mia. Sus ojos eran color almendra y al trasluz daban un color miel o verdoso, todo dependía de los angulos del cual se la viera. Su perfil era casi idéntico al mio. Sus ojos se volvieron hacia los mios, se levantó del piso y me observó con detenimiento y sorpresa. Su cara casi angelical, me mostró una sonrisa cálida y me estiró su mano. La tomé y la apreté con delicadeza, temiendo que su fragil piel fuera a quebrarse. Su perfume, Chanel Nº 5, me inundó los pulmones.

-Virginia.

- Victoria. Perdón por lo del...

Ella miró su vestido, afligida. No quitó sus ojos de él mientras pronunciaba su pobre respuesta.

- Ah.. si....

- Si querés podés venir a mi casa, le digo a mi mamá que intente arreglarlo.

- En serio podría? Necesito estar en casa antes de las 20 hs.

- No te preocupes, supongo que si podría arreglarlo. No es nada.

- Muchas gracias!

Su sonrisa alumbró toda la Av. Arenales. Yo no estaba totalmente segura de que mi madre pusiera su mejor cara cuando llevara a casa a una desconocida y tampoco estaba segura de estar haciendo lo correcto, ya que solo la había conocido desde ahcia diez minutos.

Caminamos hasta la parada del colectivo, ella no tenia cospeles ni tampoco una cultura urbana muy extensa. Hablamos todo el camino y encontramos más similitudes entre nosotras, más de las que se podían ver a simple vista. Nuestras listas en los reproductores de mp3, que en ese entonces eran mucha tecnología, eran casi idénticas y nuestras colecciones de cds tambien. Durante el camino, ella me relató porque tenía tanto "apego" con ese vestido. Era modelo, como lo aparentaba. Tenía que ir en unos dias, casi dentro de un mes y medio, a capital para concursar en un casting de modelos para un famoso diseñador, aunque para mi, ocupaba el mismo lugar que tantas otras figuras "reconocidas", la ignorancia de mis pensamientos. Era realmente importante que quedara en el staf ya que le abriría un monton de puertas y era justo ese vestido el cierre de su magnifica presentación. Según se veía, eso significaba mucho para ella.

Habíamos llegado a casa. Vir se desplomó en una de las sillas del comedor y dejó caer su cabeza sobre la mesa.

- Esta subida me mató.

- Si, con el tiempo te acostumbrás. Jaja

Interrumpí a mi vieja y le pedí que por favor arreglara el costoso vestido y que lo hiciera lo mejor posible. No le quedó alternativa más que arreglarlo. Fuí a la cocina mientras esperabamos a que arreglara el vestido y serví coca - cola y oreos. Dejé el plato enfrente de Vir. Deboró casi todo el paquete de galletas y casi tomó litro y medio de la gaseosa. Parecía que no hubiera comido en dias. Mientras esa silueta perfecta comia desaforadamente, yo observaba un hermoso bolso qe estaba en la silla co ntigua, de él se asomaba un álbum de fotos, un porfolio, creo que le decía algo asi. A los 10 minutos de haber deborado todo lo que puse delante de ella, se levantó de la mesa e instintivamente fué hacia el baño. Tardó unos 20 minutos que me dieron tiempo para matar mi curiosidad. Saqué el album de fotos, ellas salia en todas elas con un vestido y peinado diferente, en todas se repetía su belleza y seguramente, aunque hubiera estado vestida de vagabunda, igualmente las fotos habrian salido perfectas. Dentro del bolso, tambien había una agenda, que yo, como buena curiosa que soy, abrí y ojié. Estaba repleta, todos eran compromisos con estilistas o clases de baile, yoga, gimnasio y psicologa, entre muchas otras. No aparecía ningun compromiso con amigos, ni tampoco habían numeros de telefono que hicieran alución a ellos. La agenda estaba repleta de obligaciones y nombres de personas cuyo valor sentimenta debía ser nulo. Cerré los dos cuadernos y los introducí de vuelta en el bolso. A los pocos minutos Virginia salió del baño, simultaneamente mi madre salió de su pieza con el vestido impecable.

- Muchas Gracias

- A sido un placer, Virginia.

- Igualmente, Verónica - mi cara se vió un poco aturdida ya que yo nunca le había dicho el nombre de mi madre, a parte de que su voz y su calidéz ya me resultaban desconcertantes.

Ella se volteó hacia mi y me pidió con su sonrisa hipnotisadora mi celular. No pude negarme. Lo anotó en su agenda con letra prolija, cortó de una de las últimas hojas un trozo de papel y con la misma letra anotó su telefono y su nombre.

Una bocina resonó entre la paz de mi calle, un auto importado estaba estacionado anfrente de nuestra casa.

- Me vinieron a buscar. Muchas Gracias Vicky! Espero que nos veamos pronto.

Me saludó con un suave beso en la mejilla y se alojó por la puerta dejando el aire impregnado con el olor a su perfume, Chanel Nº 5. Se subió al precioso auto importado y en un segundo la silueta de este se perdió en la lejanía.

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