Era domingo, esos típicos domingos con los que te tomás el dia y te desenchufás. Estaba amaneciendo, todavia el cielo estaba de un cálido azul, la luna brillaba con menos nitidéz. Subimos a su auto y nos dejamos impregnar de vida. El aire frio de la ruta chocaba con nuestras caras y probocaba risas puras y hermosas. Después de un par de "horas liebres" llegamos a una cabaña, era de la madre de Virginia, tenia una vista hermosa, se observaban las sierras y una que otra casita en la ladera. Dejamos nuestros bolsos en una pieza pequeña, arriba de unas camas tendidas con cubrecamas totalmente blancos, todavia con apresto y olor a naftalina. Volvimos a salir en su impecable auto, fuimos a almorzar a un pequeño restaurant de las sierras. Había sido una de las pocas veces en que Virginia realmente había comido. Se veía saludable, explendorosa y con una belleza única. Esta vez sus ojos reflejaban felicidad. No volvimos a la cabaña por un largo rato. Fuimos a un camping en donde, antes de darnos cuenta que nos nos gustaban, tomamos mates extremadamente dulces y mal cebados. Fuimos a Carlos Paz, alquilamos un barquito de esos que solian estar en la costanera y nos subimos torpemente a este. Nos miramos, eramos dos inútiles que no sabían usarlo, por lo que nuestro viaje en bote fue una lluvia de carcajadas y, como era de esperarse terminamos empapadas.
Con el maquillaje corrido, las remeras húmedas y todos nuestro cabellos desastrosamente peinados fuimos a recorrer el lugar. Sacamos unos tiquets para el teatro, era una obra cómica, no me acuerdo bien de que era, iriamos a verla el dia siguiente. Tomamos una coca - cola y hablamos, reimos y alguna que otra lágrima se escapó, pero no mas de dos o tres. Ya siendo las 18 hs encontramos un lugar extraño, se llamaba la casa de gasper o algo asi, nuestro espíritu de niñas, el mio potenciado ya que seguia siendo una simple nena, nos impulsó a entrar. ra una estupidés, una casita en donde todo estaba dado vuelta, el agua de las canillas corria hacia arriba, sillas en las paredes, era como caminar en el techo. Nosotras nos burlabamos de los supuestos habitantes de la casita y de las historias que contaba la presentadora, y de vez en cuando una que otra persona reia con nosotras, dejando a la pobre guía hablando sola. Cuando salimos del lugar, vimos como la chica suspiraba y se peinaba la cabellera con la mano, se dió cuenta que la estabamos mirando y nos mató con su mirada, creo que nos estaba advirtiendo que no volviéramos al lugar, nosotras solo nos reimos en su cara, otra vez.
Caída la noche, estabamos encaminadas a la cabaña. Las horas que le siguieron fueron momentos interminables de euforia. Hicimos una fogata con nuestros viejos uniformes de colegio, quemamos unas cuantas sábanas, bailamos, cantamos, tomamos gancia y Vir unas cuantas cosas más. Terminamos durmiendo en medio del living, abrazadas y pintadas con acrílico, de los que Virginia habia llevado al viaje para intentar pintar algo, cosa que obviamente ya no haría.
Los dos dias sigueintes fueron igual de emocionantes, aerosilla, rock and roll, pinturas, fuego y muchisimas cosas más. Estabamos felices, tanto que olvidamos los tickets del teatro. Pero nuestro pequño viaje debía acabarse en algun momento.
Era martes, las valijas estaban hechas y la cabaña estaba esperando volver a sumergirse en soledad. Nosotras estábamos sentadas en el pasto, observando como caía el sol detrás de las imponentes montañas, se despedía de las grama con un ultimo soplo de luz y el calor acariciaba nuestros rostros de una manera sutil y terminaba jugando con los pocos rayos luminicos que quedaban flotando en el aire, dándonos efectos cautivantes y hermosos de luz y oscuridad, donde los dos opuestos se complementaban para formar algo fantástico. Nunca había visto un simple atardecer de esa manera. Fue un momento corto, lo que tarda el sol en ponerse, unos 10 o 15 minutos, no más, minutos en los que permanecimos en silencio, o eso era lo poco que recordaba.
Tres años después, hablando con alguien de mi colegio, recordé que ella me había dicho algo aquella tarde, algo que nunca había entendido. Estaba hablando con mi compañero sobre su viaje de estudio y me acordé de manera inconciente de lo que Virginia me habia dicho esa tarde y pude entender el porque.
"Es como el viaje de estudio que nunca tuvimos, cierto? Es la cubierta dulce del final. Sería muy bueno que todos los finales fueran asi, no?"
Nunca entendí porque me decía lo de los finales ni lo del viaje de estudio, pero después de hablar sobre el tema me di cuenta de lo que realmente significaba un viaje de estudio. Viéndolo como todos los demás, de la manera más simple posible, el viaje de estudio era como un premio, una recompensa a los años de estudio, pero tambien era un monmento de desenfreno total en donde ese sueño de vivir en bailes, fiestas y amigos se hace realidad. Pero son solo unos dias. El viaje de estudio era solo el puntal del arbol de navidad, la manera de terminar la rutina de años y empezar de vuelta, con o sin ciertas personas, algunas seguirán a nuestro lado y otras simplemente se irían. Pero siempre permanecía el recuerdo feliz y la coronacion de un periodo dorado, el viaje de estudio.
Después de mucho tiempo entendí que nuestro viaje fue solo una manera de cubrir el agrio sabor de un adiós, con la diversion y la felicidad de un viaje sin escrúpulos.
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