6 nov 2009

Perfectamente Imperfecto

Todas las cosas que Carlos me habia dicho estaban dandome vueltas en la cabeza, se habia borrado parte de lo que en ese momento completaba mi infantil vida. Empezaba a preguntarme si él realmente era mi amigo o mi enemigo encubierto...

Estaba en estado de shock, entré al colegio por inercia, estaba lloviendo. Corrí debajo de las gotas de agua, me gustaba sentirlas rozar en mi cara, subí las escaleras, el barandal estaba frio. A pesar de que ya estaba bajo techo sentia que algo seguía cayendo por mis mejillas. Deseaba no haber escuchado esas cosas... deseaba olvidarlo todo. Mi mano tomó el frio picaporte de la puerta y lo giré, se rompió la melodia generada por la lluvia. Treinta y tres voces que estallaban en risas al unisono, la euforia de tres decenas de almas jóvenes y puras.

Caminé hasta la primera fila de bancos. Me sobresalté. Un par de manos estaban rodeando mi cintura y apretándola adrede, Agus sabía que odiaba que me hicieran eso, de todos modos lo hacia y despues de que la insultaba terminabamos riendonos. Me dió un beso en la mejillas y me saludó con un cálido "vicky!" como todas las mañanas.Nos sentamos en nuestras sillas celestes, se sentó a mi lado como todos los dias.

En la clase de matemática, mientras esperabamos a que tocara el timbre Agus apoyó su cabeza sobre sus brazos y me miró desde el frío escritorio. Sus ojos eran serenos y hacian juego con su tierna sonrisa.

- ¿Qué te pasa?

- Nada

- Yo sé que algo te pasa, tus ojos te delatan.

- En serio, no me pasa nada, estoy bien.

- Bueno, como digas, podés mentirle a cualquiera menos a mi, sabés que te conosco mejor que a nadie.

El timbre sonó. Tenía razón, yo no estaba para nada bien, tenía ganas de salir corriendo, de hecharme a llorar, pero no queria hacer una escena deprimente frente a todos. Ya no quedaba casi nadie dentro del aula. Fuí al baño y me encerré en el último de todos, en ese al que nadie iba porque siempre era el que se olvidaban de arreglar, o el de las historia de fantasmas. A mi no me importaba. Di vuelta la cerradura, me senté en el frio piso y lloré, lloré, lloré hasta no saber mi nombre. Queria morir. Sentí unos pasos, se pararon justo enfrente del baño en el que estaba.

- Abrime

- No

- Dale, no seas idiota. En un momento asi lo menos aconsejable es estar solo, te autodeprimís.

Abrí la puerta. Agus entró y se sentó a mi lado.

- ¿No me vas a contar porqué estas asi?

- Carlos me dijo algo, me duele saber que mi tia...

- Entiendo... No te preocupes más por eso. Ahora me tenés acá, llorá reí o si necesitas hasta podés pegarme.

- Jaja gracias, pero no te pegaría nunca.

- Ya lo has hecho...

- Pero jugando.

- Si, como nos divertíamos ¿Cierto?

- Si, como quisiera que volvieramos a ser como antes.

- Yo tambien, pero sería un poco monotono que tuvieramos siempre 8 años, en todo caso no viviriamos como se debe. La adolescencia, la infancia, la vejez, todo es parte de vivir, igual que lo que estás pasando ahora, estás cosas siempre pasan, la vida no siempre es perfecta, pero podés verla perfectamente imperfecta, podés ser feliz.

- Gracias, me hace bien hablar con vos. Tendrias que estudiar psicología.

- Sabés que voy a estudiar derecho con vos.

- Cierto. Sos genial ¿sabias?

- Me lo han dicho un par de veces...

- Jaja

Me abrazó y me empezó a hacer cosquillas, yo pateaba las paredes prefabricadas del baño y Agus estallaba en risas. Me besó en la mejilla, en el cuello y en la frente, yo solo reía. Me volvió a abrazar con todas sus fuerzas, yo tambien lo hice. Me soltó y espontaneamente sus labios rozaron los mios. Hubo un segundo de silencio. Me sonreía y yo igual. Sus ojos estaban encendidos, eufóricos, no podían apartarse de los mios, estaban inquietos. Miró mis labios y yo los suyos. No supe bien en que momento, pero ahi estaban, sus suaves labios precionaban los mios, era muy dulce, fué inexplicablemente hermoso. Fue agridulce, suave pero a la vez fuerte, no fué ni corto ni largo. Fué perfecto. El principio dulce, el desarrollo potente, el final agrio. La campana nos despertó, rompió nuestra inesperada ilusión.

Se levantó y sacudió su uniforme. Estiró su mano y me ayudó a pararme. Yo estaba atónita. Me tiró del brazo y fuimos corriendo hasta el aula. Me habia olvidado del hecho por el cual lloraba. Solo me acordaba de esos 15 minutos.


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